Hace unas semanas diversos medios se hicieron eco del cierre de Casa Peter, el mítico negocio lagunero que introdujo en la urbe universitaria los perritos calientes. Por más de medio siglo sus responsables han nutrido a varias generaciones de clientes, por lo que el anuncio de su cierre por jubilación de sus socios ha causado profunda desazón entre la población local.
Juan López es uno de esos laguneros que se lamenta de esta pérdida: “Pastor y Loly dicen que quieren retirarse y no ceder el nombre, pero eso me parece injusto. Vale que lleven cincuenta y siete años trabajando, pero es que nos dejan sin otro lugar emblemático del casco. Ya no podemos comprar calzados en Gámez, camisas de talla especial en Borrella o cachuchas en Godiño. La gentrificación está convirtiendo el centro de La Laguna en un parque temático.”
El señor López mantiene cierta esperanza por la pervivencia de ciertos negocios: “Aún están las tiendas de Miguel el Cocinilla, la mercería de la esposa de Enrique el Chorizo o los escaparates de Fernando González. Todavía hay esperanza”.
A lo largo de su catilinaria, don Juan dejó caer que nunca había comprado en ninguno de los establecimientos que había mencionado: “Cuando empezaron a peatonalizar las calles del centro y dejaron de permitir el paso de coches me resultó más cómodo ir a los centros comerciales. Además, a los niños les van más las cadenas de comida rápida como Telepizza o Burger King, pero una cosa no quita la otra” -concluyó mientras se sumaba a la cola para hacer un pedido en el McDonald’s de la avenida de la Trinidad.

